Lo que está destinado a ti nunca se irá.

Dentro de tantas que cosas que he vivido y recorrido, recuerdo una vez mientras trabajaba en una

importante compañía, cansado de la rutina y sabiendo que no iba a tener más oportunidades de

crecimiento profesional decido renunciar, esta decisión fue muy difícil de tomar, cada vez que

presentaba mi carta de renuncia a mi jefatura, éste la destruía señalándome que estaba

cometiendo un gran error, adicionalmente, una compañera de trabajo me insiste y me pide que

vaya donde una tarotista a verme y leerme las cartas me sugiere que con base a esa lectura

decidiera. Yo un ser muy creyente, que no cree este tipo de acto, acepté. Fue un miércoles a la

hora de almuerzo, salimos del trabajo en forma rápida en dirección al centro de Santiago para

vernos con esta persona, sólo contábamos con una hora para todo.

Mientras íbamos en el metro, pensaba en esto que iba suceder, me entraron las dudas y culpa al ir

a realizar algo que en ese momento estaba en contra de las doctrinas en las que fui criado, por

otra parte, mi compañera me alentaba y me transmitía que esas cartas me darían la respuesta que

buscaba respecto a si debía o no renunciar.

Llegamos al lugar, esto quedaba en una feria, nos acercamos a uno de los locales que tenía forma

de carpa, se abre y aparece una señora de mucha edad vestida usando una falda larga hasta los

tobillos, una blusa a media manga, el pelo suelto con un cintillo, me dice, te restaba esperando,

me senté en un piso de madera mientras ella se sentaba enfrente de mí, debajo de un paño saca

un juego de carta, y me dices: “qué quieres preguntar”, eran tres preguntas, sólo contaré la

pregunta que es parte de esta historia, le dije: “Quiero renunciar a mi trabajo y busco una

respuesta que me diga que debo hacer”, me responde OK. Luego de lanzar tres cartas y leerlas, en

conclusión me dijo: “No renuncies por ningún motivo, si lo haces retrocederás

profesionalmente.”, al salir, mi compañera me pregunta y le comento tal cual lo que esa señora

me dijo, y mirándome a los ojos me pregunta, entonces que harás, le dije renunciaré igual y

porque no puedo cambiar el destino.

Es así, como nuevamente escribí mi carta de renuncia, la llevé a notaria, la firme y la entregué en

recursos humanos con ellos mi jefe ya no podría romperla y no habría excusa. Cuento corto,

renuncié y me fui a vivir a Antofagasta a trabajar con unos amigos en un emprendimiento de

consultoría. estuve así un año, y en lo profundo y personal sentía que había retrocedido tal cual

me había dicho esa mujer a través de las cartas, luego de un tiempo viviendo esta situación, de

una de las empresas del Grupo que había trabajado me llaman para ofrecerme irme como

Contralor y Gerente de Auditoría a Colombia, no lo pensé y lo acepté sin dudas. Siempre había

soñado y deseado vivir en otro país y tener un cargo ejecutivo, si bien, al renunciar se cumplió lo que aquellas cartas me dijeron el retroceder profesionalmente, pero también es cierto, que gracias a esto pude conseguir lo que quería tanto, y saber que uno puede cambiar su destino y así lo quiere, si no hubiera renunciado la oportunidad de irme a vivir a Colombia no hubiera llegado por ningún motivo.

Por eso, lo que está destinado para uno, nunca se irá.

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